Corrí detrás de Auron pero, de repente, se había desvanecido. Me encontré de nuevo en la calle ancha, en mitad de una muchedumbre histérica que corría en todas direcciones. Estaban tan asustados que ni siquiera se fijaban en mí, la estrella de los Zanarkand Abes. Busqué a Auron con la mirada, poniéndome de puntillas. Los gritos de la gente me machacaban los oídos, y sin quererlo hice una mueca bastante ridícula. Por suerte no había ningún periodista deportivo anti-Abes cerca para capturar ese momento. Desesperado, decidí echar a correr hacia alguna parte, pero entonces ocurrió algo extraordinario. Silencio. Absoluto y sepulcral. Quedé paralizado. Miré en derredor y pude comprobar que todas las personas se habían quedado totalmente congeladas. En serio, pensé que estaba en una peli y alguien había pulsado el botón pausa.
Entonces apareció un niño de piel morena. Iba vestido con una túnica lila con caperuza que le ensombrecía los ojos. Era el único capaz de moverse, a parte de mí. Se plantó delante de mí y me dijo:
- Ya empieza.
- ¿Qué? – le respondí sin dar crédito, ¿qué clase de broma pesada era aquella?
- No llores.
Dicho esto el niño se evaporó, y los gritos volvieron a destrozarme los tímpanos. Maldita sea, qué situación tan exasperante. Me tapé los oídos con las manos y me encogí. Pero entonces Sauron me tocó la espalda.
- Vamos.
Intenté seguirle entre la muchedumbre, pero me costaba. El tío estaba caminando a contracorriente, justo en la única dirección que nadie quería tomar. Pero él no tropezaba con nadie, para mi asombro. Tras unos minutos eternos llegamos a una zona por la que ya no pasaba nadie. Eché la vista atrás y vi las aglomeraciones humanas por doquier, corriendo hacia el este.
- ¿Por qué nosotros vamos en esta dirección? – le pregunté entre suspiros.
- Mira – se limitó a decir señalando al cielo.
Alcé la vista y vi algo que jamás olvidaré. Una inmensa burbuja de agua flotante que albergaba a una criatura horrible en su interior. Vale, apenas podía ver a la criatura, pero tenía pinta de ser muy fea.
- Lo llamamos Sin.
- ¿Sin? – Sospechosamente yo nunca había oído hablar de bestias enormes que flotan envueltas en agua y arrasan ciudades cuando se disputaban finales de blitzball.
Del interior de la burbuja flotante surgió una especie de púa proyectada como un dardo gigantesco. Se atravesó en un edificio y se abrió como una flor en primavera. La púa contenía varios tentáculos escamados que pronto dejaron de serlo. Las escamas salieron disparadas en todas direcciones como una suerte de esporas. Muchas de ellas cayeron sobre la calle ancha, frente a nosotros, y se clavaron en el asfalto. Yo estaba muerto de miedo, pero todavía no había llegado lo peor. Cada una de esas escamas se abrió, y resultó ser un insecto de más de un metro de altura. La parte exterior de la escama constituía las alas. Eran como polillas extraterrestres. Definitivamente aquello era un sueño del que iba a despertar tarde o temprano.
Una de esas polillas se abalanzó sobre mí y yo caí de culo en el suelo. Antes de que me mordiese Auron la ensartó con su espada. Luego me miró y me alcanzó un sable de color granate por la empuñadura. Lo agarré con una mano, pero cuando Auron lo soltó el peso hizo que casi se me rompiese la muñeca. Usé el sable a modo de cayado para ponerme en pie y luego intenté manejarlo con ambas manos.
- Es un regalo de Jecht.
- ¿De mi padre? – Auron lo decía como si mi padre hubiera estado de vacaciones en lugar de haber desaparecido misteriosamente hacía diez años.
- Espero que sepas usarla.
Genial. De repente tenía que enfrentarme un grupo de polillas gigantes con un sable que pesaba como un muerto, y que para más inri me enviaba mi padre. Sin saber casi ni por qué adopté una posición de ataque y empecé a cortar el aire con mi sable. Avanzamos hacia las polillas y, para mi sorpresa, descubrí que se partían en dos con gran facilidad. Blandiendo mi sable con más confianza hice retroceder a un grupo de polillas que se había asustado al ver lo que le había pasado a sus hermanas.
- ¡Vamos, no pierdas el tiempo! – me espetó Auron.
Seguí al viejo amigo de mi padre calle arriba. Un nuevo dardo de polillas se clavó en el asfalto, pero esta vez estábamos en guardia. Antes de que las polillas aterrizasen ya estaban partidas a trocitos. No se me daba mal del todo, hay que reconocerlo. Supongo que mi excepcional forma física ayudaba bastante. Aunque ver luchar a un guerrero como Auron desanimaba a cualquiera. A pesar de su pelo canoso su forma física era excepcional. Echó a correr de nuevo. ¿Por qué tenía tanta prisa? ¿Adónde nos dirigíamos exactamente?
La calle ancha empezó a temblar. Por lo visto las púas alienígenas estaban haciendo estragos en la estructura de algunos edificios y de los mismos pilares de la calle ancha. Se oyó un crac y luego un bum. Algo explotó bajo nosotros, pero no tuve ni tiempo ni ganas de averiguar qué era. Frente a nosotros se abrió una brecha y Auron estaba decidido a pasar al otro lado antes de que fuese demasiado tarde. Solté el sable y corrí con todas mis ganas. Auron llegó al otro lado de un brinco, pero cuando yo salté la brecha se había hecho más grande. Moví los brazos en círculos para darme más impulso mientras veía cómo la silueta de Auron se alejaba. Choqué con el pecho contra la piedra y sentí cómo se me cortaba la respiración. Estuve a punto de desvanecer. Me aferré a las grietas del asfalto. Entonces miré hacia arriba y vi la silueta de Auron. Sin estaba sobre él, y Auron parecía hablar solo. Murmuraba algo sobre si estaba seguro. No entendí nada, solo quería que me ayudase a subir.
De pronto me agarró por la pechera y me alzó con un solo brazo. Miré a mi alrededor y me percaté de que el trozo de calle ancha sobre el que estábamos estaba flotando lentamente hacia Sin. Incluso los pequeños guijarros y piezas metálicas que se desprendían de la estructura subían hacia aquella bestia y eran absorbidas por un torbellino de agua.
- Esta es tu historia – me dijo Auron mirándome fijamente -. Todo empieza aquí.
Acto seguido fuimos absorbidos por el torbellino. Grité con todas mis fuerzas. Y de pronto la calma. No podía ver nada, pero me sentía flotar. Llamé a Auron, pero no respondió. Estaba solo, en mitad de la oscura nada. Pensé en muchas cosas. Creo que tuve un sueño. Soñé que estaba solo. Soñé que necesitaba a alguien, a quien fuese, a mi lado, para dejar de sentirme tan solo. Me sentí muy triste.
Abrí los ojos. Estaba oscuro. Creo que era de noche. Me encontraba con la mitad del cuerpo en el agua y la otra mitad sobre una roca. Miré a mi alrededor pero no había nada más que agua y rocas. “¿Dónde estoy?”, pensé.